POEMA El Canto de la Esperanza
En el valle donde el sol besa la tierra,
y la sequía revela su cruda guerra,
el Yigüirro, Yari, con su canto ausente,
dejó al pueblo en un silencio elocuente.
Era Yari, voz de la lluvia, alma del viento,
cuyo canto traía el agua y el aliento,
mas sin su melodía, la tierra yacía sedienta,
y la esperanza en los corazones apenas se cimenta.
Ana, niña de ojos claros, corazón valiente,
buscó al ave, su amigo, entre el verde ambiente,
lo halló en silencio, su espíritu quebrantado,
por la sequía que había todo marchitado.
Con manos pequeñas, pero voluntad de gigante,
Ana y los niños del valle, en un acto vibrante,
llevaron agua al árbol donde Yari moraba,
y con cada gota, la vida ellos sembraban.
El milagro brotó, la tierra bebió cada gota,
y Yari, inspirado por la unión devota,
entonó su canto, dulce y emocionante,
llamando a las nubes, un espectáculo fascinante.
La lluvia cayó, como lágrimas de alegría,
el valle reverdeció, la vida nuevamente fluía,
y el canto de Yari, ahora más que nunca potente,
se convirtió en himno de un pueblo resiliente.
Así, el Yigüirro enseñó a la gente del lugar,
que la esperanza nace al decidir ayudar,
que juntos, incluso la sequía más dura,
puede vencerse con solidaridad y ternura.

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