POEMA Ecos de un Ayer Sin Reloj

¡Oh, tiempos de infancia, de risas y juegos,

donde los sueños nacían en parques y senderos!

¿Dónde se perdieron aquellos días sin miedo,

en un pueblo pequeño, de rotondas y recreos?


¡Vidas entrelazadas antes de un primer encuentro,

como melodías de antaño que el viento llevó lejos!

¿Quién no recuerda esos rostros, esos gestos,

que en la memoria resuenan como un eco?


¡Cruces de caminos, colas y supermercados,

donde los mangos y zanahorias eran nuestros aliados!

¿Y qué de los purés y las varitas de pescado,

y aquel pan, leche y Pringles, por siempre recordados?


¡Amigos de la urba, música y madrugadas,

piscinas, risas, lágrimas, y bicis estrenadas!

¿No es acaso la vida una pintura inacabada,

donde cada mancha cuenta una historia encantada?


¡Al campo salíamos, a soñar entre gigantes,

rodeados de nada, árboles y piedras vibrantes!

¿Quién no lanzó chispas rojas al cielo, triunfantes,

pidiendo ayuda, o simplemente, ser amantes?


¡Diez años de recuerdos, de fotos y mudanzas,

de meriendas compartidas y eternas esperanzas!

¿No es la vida un reloj sin manecillas, sin balanzas,

donde lo único que importa son las almas que danzan?


¡Y así, sin saber la hora, pero con nombres en el alma,

hablamos de magia, de Potter, de una vida que nos llama!

¿Quién diría que en aquel colegio, sin drama,

decidimos no crecer, y ser eternos en la trama?


¡Exclamo al viento, a los años, a la vida que nos forma,

que lo mejor que hice fue vivir, sin norma!

¿No es acaso el tiempo un reloj que se deforma,

y nos deja solo con el corazón que late y conforma?


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