Cuento El Tren de los Recuerdos
El Tren de los Recuerdos
En la estación de Nostalgia, donde los relojes parecían detenerse y las sombras danzaban con los fantasmas del pasado, aguardaba un tren especial. El Tren de los Recuerdos solo aparecía en noches de luna llena, cuando el velo entre mundos se volvía más delgado.
**Isabella**, una anciana con ojos de tormenta y cabellos plateados, esperaba en el andén. Su corazón era un álbum de fotografías desgastadas, lleno de momentos que el tiempo había borrado.
El tren llegó, sus ruedas crujieron como huesos ancianos. El maquinista, con su gorra raída y su mirada melancólica, extendió la mano a Isabella.
Maquinista: “¿Deseas abordar, Isabella? El Tren de los Recuerdos solo viaja una vez por vida.”
Isabella recordó su juventud, cuando el amor era un fuego que ardía sin tregua. Recordó a Gabriel, el joven pintor con ojos de cielo y manos que tejían sueños en lienzos. Pero la guerra los separó, y sus cartas se perdieron en el viento.
Isabella: “¿Me llevará a él? ¿Podré verlo una vez más?”
El maquinista asintió, y Isabella subió al tren. Los vagones estaban llenos de sombras y suspiros. Cada asiento guardaba un recuerdo: risas, lágrimas, promesas rotas.
El tren avanzó por vías invisibles, atravesando bosques de olvido y campos de añoranza. Isabella vio destellos de su pasado: la primera cita con Gabriel, el aroma de las rosas en su boda, las noches de insomnio cuando la ausencia de su amado era un cuchillo en su pecho.
El tren se detuvo en una estación sin nombre. Isabella bajó y encontró a Gabriel, ahora un anciano con cabellos de plata. Sus ojos se reconocieron, y el tiempo se desvaneció como humo.
Gabriel: “Isabella, mi musa perdida. ¿Has venido a buscarme?”
Isabella: “He venido a recordarte. A vivir nuestros momentos una vez más.”
Pasearon por calles que solo existían en sus memorias. Las hojas crujían bajo sus pies, y el viento susurraba secretos de amor. Isabella tocó el rostro de Gabriel, como si quisiera atrapar el tiempo en sus manos.
La moraleja se despliega como un abanico de esperanza: el pasado es un jardín de flores marchitas, pero a veces, los trenes de los recuerdos nos llevan de vuelta a los lugares donde el corazón dejó su huella. Y allí, entre susurros y miradas, Isabella y Gabriel encontraron su eternidad.
Espero que este cuento te transporte al Tren de los Recuerdos y te haga reflexionar sobre los lazos que el tiempo no puede romper. 🚂🌙

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