CUENTO El Canto del Yigüirro
En un valle verde y fértil de Costa Rica, donde las montañas acarician las nubes, vivía un Yigüirro llamado Yari. Yari era conocido en todo el valle por su canto melódico que anunciaba la llegada de la lluvia y la temporada de siembra.
Cada mañana, al amanecer, Yari se posaba en la rama más alta de un árbol de Guanacaste y entonaba su canto. Los campesinos del valle sabían que cuando Yari cantaba, era hora de preparar la tierra para la siembra.
Un año, el valle enfrentó una gran sequía. Los ríos se secaron, y las plantas comenzaron a marchitarse. La gente del valle estaba preocupada porque Yari había dejado de cantar. Sin su canto, no sabían cuándo comenzaría la temporada de lluvias.
La pequeña Ana, una niña que amaba escuchar a Yari, decidió buscarlo. Caminó por el valle, preguntando a los animales y buscando en cada rincón hasta que finalmente lo encontró. Yari estaba triste porque había perdido su canto; sin agua, no sentía la alegría que lo inspiraba a cantar.
Ana tuvo una idea. Reunió a todos los niños del valle y les pidió que ayudaran a llevar agua del pozo al árbol de Guanacaste. Trabajaron juntos, formando una cadena humana, pasando cubos de agua de mano en mano.
Cuando el agua llegó al árbol, la tierra se humedeció, y las hojas del Guanacaste brillaron con vida nuevamente. Yari, al ver el esfuerzo y la unidad de los niños, encontró su inspiración y comenzó a cantar.
Su canto fue tan poderoso y emotivo que las nubes se reunieron en el cielo y la lluvia comenzó a caer, llenando el valle de vida una vez más. Los campesinos salieron a sembrar, y el valle floreció gracias al canto de Yari y al corazón unido de su gente.
Desde ese día, el canto del Yigüirro no solo anunció la lluvia sino también el valor de la solidaridad y la esperanza.
FIN

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