POEMA Reflejos de la Vida
¡En el teatro del tiempo, la vida danza con gracia y alegría!
Ayer, en un acto de ejercicio y risas, compartí escena con el elenco dorado,
aquellos que la sociedad llama ancianos,
¡pero yo veo sabios de días radiantes!
Con cuarenta años en mi ser, observé a los de sesenta, y vi en ellos no la vejez,
sino la juventud vestida de experiencia.
¡Qué chispa la suya! ¡Qué humor!
Cada chiste, una joya destellante, cada palabra, un abrazo cálido que desafía al frío del silencio.
¡Oh, cómo se despliegan en el escenario de la vida con destreza!
Sin temor al qué dirán, expresan su ser con valentía y esencia.
Son como el sol de otoño, que aún en su ocaso,
ilumina y reaviva, son la prueba viviente de que el alma no envejece, solo se aviva.
Y entre ellos, uno se destaca, un personaje de bilocación singular,
que al mirarse en el espejo del gimnasio, ve reflejado su pasado vigoroso.
¡Es él mismo! Pero más joven, con sueños de futuro y ansias de volar,
y en ese instante, viaja en el tiempo, entre recuerdos y esperanzas gozosas.
¡Qué espectáculo! ¡Qué lección!
En sus ojos brilla la eternidad, y comprendo que cada etapa es un acto único en esta obra inmortal.
Ellos son espejos del ayer y del mañana, maestros del presente,
que con cada paso firme nos enseñan que vivir es siempre urgente.

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