POEMA Legado de Sabiduría



 ¡Ah, cómo vuela el tiempo, cual ave migratoria en su danza etérea! Recuerdo aquellos días, cuando era yo la niña, y mi madre, la sabia jardinera, cultivaba en mí las semillas del conocimiento. ¡Ahora, soy yo la jardinera, y mi pequeña Antonella, la flor más preciosa!


Cada día, como el sol que despierta al alba, ilumino su mundo, enseñándole las ciencias, el arte, ¡el universo entero en miniatura! Con tan solo dos años, ¡su vocabulario es un océano vasto y profundo! Más rico que el de sus pares, porque cada palabra mía es una gota de cultura.


¡Cada instante a su lado es un pincelazo en el lienzo de su vida! Mis conocimientos, hilos de oro que tejo con amor y delicadeza. ¡Quiero que sea una niña de bien, astuta, audaz, sagaz, inteligente! Un águila en vuelo, un río que fluye con sabiduría y destreza.


¡Oh, Antonella, mi pequeña gran obra! Eres el reflejo de mi alma, la herencia viva de un amor que trasciende el tiempo y el espacio. En ti veo el futuro, brillante y prometedor, ¡una estrella que no se apaga! Serás fuerte, valiente, una líder entre los demás, ¡tu potencial es un abrazo!


Así, con cada lección, con cada juego, planto en ti la semilla del mañana, un mañana donde serás faro de esperanza, guía de los perdidos en la bruma. ¡Mi Antonella, mi tesoro, mi legado! En ti, mi corazón canta y se derrama, porque sé que llevarás mi amor, mi enseñanza, ¡como una antorcha que nunca se consume!

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