POEMA: Lágrimas de un Cielo Herido
¡Oh, Gacela, madre ausente!
Tu risa, ahora un lamento en el viento,
¿quién apagó tu luz resplandeciente,
dejando a tus hijos sin tu abrazo ardiente?
¿Quién romperá el ciclo hiriente?
Tu voz, antes dulce como un canto,
ahora se desvanece en el silencio,
el odio, sigiloso, se arrastró como un manto,
la sombra que apagó tu encanto,
¿cuánto más soportaremos este tormento?
Mujeres, rosas marcadas por el dolor,
¡no más gritos, no más miradas de desesperación!
¿Quién alzará las espadas con fervor,
para proteger a las más amadas?
Basta de vidas destrozadas en la confusión.
Los niños lloran su estrella extinguida,
ya no brillará en su firmamento,
¿por qué la violencia, tan cruel y atroz,
derriba corazones sin huella, sin voz?
¡Dejemos en paz a la doncella, al sufrimiento!
Que tu historia, Gacela, sea un grito,
un canto de lucha, esperanza encontrada,
que en cada palabra, la paz sea un rito,
y que en el dolor, la justicia sea alzada,
¡por ti, la batalla no será olvidada, ni un suspiro!

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