Canción de los Niños en Tiempos de Guerra
En el telar del tiempo, la guerra teje su trama,
y en el lienzo del dolor, la inocencia se derrama. Las familias son barcos en el mar de la aflicción, sus corazones, anclados en la desolación.
Los niños, como pájaros en jaulas de cristal, sufren el peso del conflicto, su risa espectral. Sus juegos son eclipsados por el estruendo de la batalla, y en sus ojos se refleja la sombra que se avalla.
La guerra es un invierno que congela la sonrisa, un huracán que desgarra la esperanza precisa. Los pequeños, fragancias que el viento ha arrebatado, en el jardín de la infancia, marchitos y desolados.
En cada lágrima que cae, se desangra el amor, y en cada suspiro, se desvanece el calor. La guerra es un puñal que hiere el alma misma, y en los niños deja una herida profunda y anónima.
Pero aún en la oscuridad, hay destellos de luz, como estrellas que surgen en la noche, intrínsecas. La esperanza, como un río de fuego en el crepúsculo, fluye en el corazón de cada niño, impetuoso.
Que el dolor se desvanezca como niebla en la aurora, y que la paz florezca como rosa en primavera. Que los niños puedan ser libres, como aves en vuelo, y que el amor sea su guía, su eterno anhelo.

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